Un timbre de telefono.
Gritos, pasos apresurados.
Silencio.
Alocada carrera en coche.
Llantos. Llantos. Llantos.
Los medicos de ambulancia.
Fumando junto a la entrada.
Cabizbajos.
Llantos, llantos y mas llantos.
Una doncella efeva.
Transida de dolor.
Desfallecida. Por los suelos.
Gritos y lagrimas y gritos y llantos y lagrimas.
Apretones de manos.
Un despojo en un saco negro.
Retorcido. Compactado.
Muerto.
Se lo llevan, y silencio.
Mas silencio.
Llantos ahogados.
Y mas silencio.
Expuesto. Antinatural y amorfo.
Con su mejor traje. Sus mejores zapatos.
De nuevo llantos. Entrevistos entre el silencio.
Y familiares. Familiares cercanos.
Y besos. Y abrazos. Y llantos.
Y mas llantos.
Y ya con luz, aluviones.
De familiares. De amigos.
De sus seres cercanos.
Y mas besos. Mas apretones.
De manos.
Desconocidos. Se compadecen.
Y algunos mienten.
Algunos no sabían del.
No le conocian.
Pero mienten.
¿Porque me miente?
¿Porque me miente un desconocido?
Mas aluviones.
Presas, de familiares y amigos.
Las entradas.
Ojos rojos por doquier,
y sonrisas maladadas.
Y mas besos de mujer,
mas saludos de barra.
Mas adustos brazos pardos
mas gentiles en la parra.
Y un hombre que por amor.
Se arrancaba las barbas.
Y con su voz de tenor
Recitaba a las brabas.
Y un ataúd sobre hombros.
Un hombre enfundado en traje.
Y flores flores y flores.
Mas flores que se desgarran.
Y en procesion.
Silenciosa.
Resonando los pasos,
Resquebrajando caminos.
Y un ataud.
Otro hombre cierra la losa.
Silvestre Santé
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario