Abrió los ojos con una sonrisa, despertado por un cosquilleo suave sobre la piel desnuda de su barriga. Bajo la mirada, y vio sobre ella caminar torpemente a una cucaracha. La aparto de un manotazo y se levanto frotándose los ojos con una sonrisa ahora irónica dibujada en la cara.
Miro a su alrededor, y lo vio todo lleno de botellas vacías y latas de cerveza abolladas. En realidad casi no se acordaba de lo que había echo la noche anterior. El colchón sobre el que había dormido estaba cubierto por una sabana arrugada, y tirado directamente sobre el suelo.
Se puso sus baqueros gastados y su camiseta, y salio de la habitación, para llegar a esa estancia destartalada y si cabe mas sucia y desordenada que la habitación que hacia las veces de salón. Allí los encontró. El chapurreando notas con la guitarra. Ella leyendo un libro con unas gafas que la hacían parecer realmente sexy. Ahora comenzaba a recordar. Si que había sido una noche loca la de ese día.
Se acerco al sofá, y la beso. Primero a ella, y después a el. Ellos se besaron, y le volvieron a besar a el. Se despidió con un adiós que quedo sin contestación. Salio por la puerta. Ellos quedaban ya uno sobre el otro en el sofá.
Bajo las sucias escaleras, abrió al portal, y le acaricio una ráfaga de aire, que le alivio en parte del calor del furioso sol de casi el mediodía. Miro a su alrededor. La ciudad, seguía su curso. Ajena a el.
Le rugió el estomago, y decidió que tenia hambre. Entro en una frutería, con el escaso dinero que tenia compro una manzana, y robo otra. Se las comió mientras caminaba. Hacia las afueras de la ciudad. Estaba ya harto de ella, y quería abandonarla. Por supuesto, ni siquiera se había planteado coger un bus o un tren, pero no le importaba caminar. Le encantaba esa sensación, de que uno por sus propios medios, podía mantenerse ajeno a todo lo que le rodeaba, dejándolo sistematicamente atrás. Disfrutando a cada paso de las nuevas sensaciones que este le ofrecía sin pensar ni desear nada mas allá, viviendo y saboreando el momento al máximo, sin desperdiciar nada. Caminar. No le importaba en absoluto, incluso lo prefería.
Llego a la autopista, y decidió, que no seria demasiada buena idea caminar por ella. La cruzo por un paso elevado, y fue entonces cuando decidió que caminaría hacia el este. Le apetecía volver al mar, y esa era la dirección en la que mas cerca estaba el mar. O eso creía.
El sol descendió (una vez mas) y le sorprendió caminando. Se alejo de la carretera secundaria por la que iba, y busco un sitio lo bastante seco en el grupito de arboles que había encontrado como para acostarse.
A la mañana siguiente, se levanto, y de nuevo a caminar, sin pensar en nada mas que en cada paso. Cerca del mediodía, el estomago le rugió de nuevo, pero no tenia nada que comer. Como no encontró otro remedio, siguió caminando, pero encontró la solución al ver en una curva de la carretera una casa con un invernadero en la parte trasera. Allí se encontró con que la familia a la que pertenecía estaba recogiendo su plantación de tomates. El se acerco timidamente, y se ofreció a ayudarles a cambio de algo de comida esa noche. El padre de la familia accedió, y antes de darse cuenta se encontró recogiendo los tomates junto con el padre, la madre, y una preciosa hija, quizá un poco mas joven que el.
Recoger los tomates, no era un trabajo duro. O eso pensaba el, hasta que en un momento en que dio la casualidad de que el y la hija estaban en una esquina del invernadero en la que no podían ser vistos por los padres la chica se lanzo sobre el y comenzó a besarle.
Ya le había tirado al suelo y le estaba con sus torpes e inexpertas manos arrancando la camiseta cuando apareció el padre, le cojio por el cuello, y le echo a patadas de la casa. Por suerte el alcanzo a agarrar cuatro buenos tomates antes de salir corriendo de allí.
Y volvió a caer el sol, pillándole esta vez con el estomago lleno, pero sin un sitio en el que dormir (de nuevo). Se acostó detrás de unos arbustos, y por lo agotado que estaba, quedo rendido enseguida
La mañana siguiente, se levanto ventosa, pero cálida. Un buen día para caminar, de nuevo.
Le estaban empezando a doler un poco los pies, todavía no era nada preocupante, pero agradecería poder hundirlos en agua salada durante una horita, o dormir en una cama normal una noche.
Los coches pasaban por su lado ignorándolo. El tampoco les hacia demasiado caso, hasta que se encontró al otro lado de una curva con un coche parado en el arcén y una mujer dando vueltas alrededor de el.
A medida que se fue acercando, pudo ver que la mujer parecía desesperada, aunque su expresión cambio completamente, cuando le vio acercarse lentamente.
El no se dio prisa, y al llegar a su altura, dijo:
-Pareces desesperada, ¿Que ocurre?
-El coche. Pinche una rueda, y no tengo ni idea de como cambiarla. ¿Podrías ayudarme?- Pregunto con ojos suplicantes.
El se lo pensó, pero al ver a la mujer al borde del llanto, no pudo menos que asentir con una amarga sonrisa.
Cambio la rueda, bajo la mirada cada vez mas alegre y despreocupada de la mujer.
-Bueno, fue un placer- Dijo cuando termino, comenzando a caminar.
-¡Oh no no no! No puedo permitir que sigas andando, no. Te llevare, es lo menos que puedo hacer- Respondió la mujer.
El la miro de arriba abajo, iba bien vestida, con unos zapatos negros de tacón. Después, miro al coche. Era una buena marca, y estaba impoluto. Después , se miro a si mismo. Vaqueros gastados, camiseta vieja, pelo alborotado y sucio por los días sin ducharse.
Había una gran diferencia entre ellos, para aceptarlo de esa manera, la mujer debía tener un gran corazón.
La miro de nuevo, de arriba abajo, se fijo en sus piernas torneadas enfundadas por unas medias, y en su cadera perfilada por la falda. Después se fijo en su rostro. De rasgos bonitos y definidos, y muy sonriente. Le gustaba.
-De acuerdo- respondió con una sonrisa sin pensárselo mas.
Subieron al coche. Estaba mas limpio incluso de lo que el había pensado. Ella arranco, con una extraña sonrisa en la cara.
-¿Hacia donde viajas?-Le pregunto después de un rato de charla estéril.
-Hacia el este.
-Pero, ¿pero hacia que parte del este?-Pregunto de nuevo tras un momento de duda.
-Simplemente hacia el este- Con una mirada ensoñadora- Me apetece ir al mar.
-Oh, eso es perfecto, yo voy al pueblo de mis padres, justo en la costa. Si quieres, te puedo llevar hasta allí.
El se lo pensó. Esa chica cada vez le atraía mas. Una atracción extraña, pero muy intensa, mas intensa que normalmente.
-Me encantaría.
-¡Genial!
Viajaron hasta pasadas la hora del mediodía, cuando pararon en un área de servicio. Ella entro muy decidida hacia el restaurante. El a remolque, detrás de ella. Una vez dentro, cuando el vio las legiones de camareros uniformados y las piaras de clientes ruidosos, se paro en seco, la agarro suavemente de la mano, y le susurro al oído:
-Esto parece genial, pero ¿Te gustaría hacer algo realmente divertido?
Ella le miro extrañada, pero a la vez curiosa. Tiro de ella fuera del restaurante. Una vez fuera, sus miradas, se cruzaron fugazmente, y el se paro en seco.
Había pensado hacerle el amor en los baños de la gasolinera o en el coche, como hacia siempre, pero, en ese momento supo que no podría hacerlo.
Se la quedo mirando intensamente a los ojos, la cojio de nuevo de la mano, compro una barra de pan y fiambre, y subieron de nuevo al coche. Se metieron en la autopista, y condujeron hasta que el le dijo que cogiera un desvío, y que aparcara el coche en un arcén. Ella pareció extrañada, pero esa expresión de feliz curiosidad, le impulso a hacerle caso. Se bajaron, y subieron a una pequeña elevación del terreno desde la que se dominaba el paisaje varios quilómetros a la redonda. Una vez en la cima, sofocados y sudados, se tiraron sobre la hierba seca, contemplando las impresionantes vistas, y entre risas y palabras cada vez mas amistosas, devoraron el pan y el fiambre que habían llevado. Cuando terminaron, se tumbaron los dos sobre la hierba con un suspiro estirando los brazos en cruz, de forma que sus manos se rozaron.
Poco a poco, se fueron acercando, cada vez mas, y cada vez mas cerca, hasta que acabaron, el con un brazo por debajo de su nuca, y ella haciéndole cosquillas en una oreja con el suyo.
Se giraron, para mirarse a los ojos intensamente, y poco a poco, muy poco a poco, se fueron acercando, los dos, hasta que sus labios se tocaron. Se unieron en un apasionado beso,que fue tierno, como hacia mucho que no experimentaba el, y duró lo que dura una estrella en morir. Lo que tarda una caricia suave en hacerte estremecer.
Se separaron, y se miraron.
Bajaron el monte de la mano. El con una sonrisa radiante dibujada en la cara, ella no menos contenta, tarareando una alegre melodía.
Volvieron al coche, y condujeron todo el día, sin cruzar practicamente ninguna palabra, pero sin soltarse la mano mas que lo imprescindible. Al llegar la noche, se acurrucaron el uno junto al otro en la parte de atrás del coche, y estuvieron hasta bien entrada la noche besándose. Solo besándose.
Ella se durmió antes que el. El se quedo hasta casi el amanecer jugueteando con su pelo y acariciándole el pelo mientras miraba al techo del coche suspirando, recordando tantas y tantas noches que ahora le parecían tan fugaces e insignificantes. Preguntándose que significaba todo aquello y lo lejos que podría ser capaz de llegar.
Se despertaron abrazados, como se habían dormido. Ella saludo el día con los ojos entrecerrados y una sonrisa. El con un beso tierno sobre la frente primero, después sobre cada ojo. El siguiente fue en la barbilla para bajar hasta el cuello. Allí la hizo gemir con otro beso, y a partir de entonces, todo fueron caricias, prendas que caían al suelo, y gemidos cada vez mas febriles.
Acabaron a la vez, con un suspiro profundo, en ese amanecer dormido.
Se besaron y se abrazaron de nuevo. Se vistieron y salieron del coche.
-Ven conmigo, quedate conmigo- Suplico ella en un abrazo.
-¿Que?- respondió el entre perplejo e ilusionado.
-Si, a la casa de mi familia. Esta al borde del mar, y pintada toda de blanco y azul. En el jardin tenemos un limonero y un naranjo- Se detuvo a coger aire, y ya mas calmada continuo- A mi de pequeña, me encantaba dormir en la terraza, acariciada por la brisa del mar, e iluminada por las estrellas. Agámoslo juntos. Quedate conmigo- Le suplico con una mirada.
-Veras, yo...-Pudo ver como el rostro de la muchacha cambiaba de la esperanza al desamparo, y como se le inundaban los ojos de lagrimas- Somos muy distintos, tu familia no me aceptara y solo te causare problemas. Creo que te quiero. Vente tu conmigo. Todo seria mucho mas sencillo. Viajaríamos hasta el mar, nos bañaríamos juntos en el, dormiríamos al raso- Bajo la mirada hasta entrelazarla con la suya- Seriamos libres. Juntos tu y yo. Siempre.
Ella hundió su rostro en su pecho. Inundándolo de lagrimas. Se metieron en el coche, y condujeron. Condujeron sin parar, hasta el anochecer. El no sabia a donde iban, si ella había aceptado su petición, o si simplemente no se atrevía a decirle que no podía hacerlo.
Ya era de noche, cuando ella aparco el coche en un descampado, y con una carcajada alegre bajo del coche y comenzó a subir corriendo la pequeña cuesta cubierta de hierba fresca que se encontraba frente a ellos. El perplejo, decidió seguirla, y cuando llego a la cima, se encontró con la inmensidad del mar azul frente a el, precedido por una pequeña playa por la que corría ella, dejando un rastro de ropa.
Algo le recorrió por dentro, elevándolo dos palmos sobre el suelo. Con la sonrisa mas reluciente que había lucido en su vida, bajo la playa desnudándose a la carrera, y se lanzo al mar. Nado hasta ella, también desnuda, y la abrazo.
Ella se río, y buceo por debajo de la superficie. El la siguió hasta que la atrapo por un pie. La atrajo hacia si, y la beso.
-Ya nos bañamos juntos en el mar, quedate conmigo, y podremos hacerlo todos los amaneceres, después de hacer el amor. Quedate conmigo.
Ella parecía ahora muy segura de si misma, sonriente y soñadora.
El no podía dejar de pensar que esa decisión marcaria para siempre su vida. No podía dejarla. No podía dejar que se fuera. Ella era lo mejor que le había pasado nunca.
Con un grito la abrazo, y se sumergió con ella bajo el mar. Una vez en el fondo, la beso respondiendo así.
Se vistieron y condujeron escasos minutos hasta el pueblo de ella. Entraron en su casa, y se presentaron a la numerosa familia alegremente. Cenaron entre bromas y risas, y durmieron de nuevo abrazados, como la noche anterior.
Al amanecer, hicieron el amor. Bajaron a la playa, y se bañaron en ella.
-Te quiero- Le susurro al oído en el agua, como haría a partir de entonces durante años, durante muchos, muchos años.
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