Muerto.
Se dio cuenta, hoy por la tarde, cuando, al mirar por la ventana,vi a ese cuervo negro posado sobre el cable de la luz, el le miraba, le miraba a el, directamente a los ojos. No daba lugar a replica, su mirada era una orden.
Vendrás conmigo, parecía decir. Y fue cuando esa certeza le abrumo, que perdío el conocimiento, pero, en vez de caer, se alzó, llego hasta las nubes, e incluso mas allá, y volo
Volo sobre valles, bosques, ríos, montañas, mares y océanos, saboree las nubes, olio los mares, toco los ríos, escucho a los bosques crecer, y vio como los valles se formaban. El cuervo iba delante, y al el, dio la sensación de que lo estaba siguiendo, era completamente libre, y sin embargo,seguía al cuervo, por voluntad propia, y a la vez, porque no podía resistirse.
De pronto, el cuervo, empezó a volar en picado, adentrándose en un abismo negro del que no se veía el final, y el le siguio. Pero en el abismo todo era distinto, ya no podía volar, y volvía a estar encerrado en su propio cuerpo, no veía valles ni bosques, ahora lo único que veía era una larguísima carretera, con el asfalto resquebrajado, e iluminada a tramos por farolas parpadeantes. Estaba flanqueado por dos muros de hormigón de los que no se veía el final. El cielo no era mas que negrura.
A uno de los lados, se veía una puerta, vieja y desvencijada, de madera. Se acerco, agarro el pomo y lo giro. Estaba abierta. La abrió chirriando, y se encontró en una pequeña estancia, con dos percheros, en los que había colgados varios abrigos, y algún sombrero. En esa estancia, también había unas escaleras de madera, que crujieron bajo sus pies al subirla. Al llegar arriba, se encontró en otra habitación un poco mas grande, de techo muy bajo, en la que había en una esquina una pequeña mesa, rodeada por cuatro hombres, de larguísimas barbas blancas, y luciendo idénticos traes grises, con aspecto antiguo.
Había una silla libre, asique se acerco, y se sentó en ella. Los hombres de la mesa levantaron la vista de las cervezas que tenían enfrente, le miraron, y una vez que se hubo sentado, volvieron a fijar la vista en sus cervezas.
El hombre que tenia delante, le ofreció una cerveza, y el la cojio.
Una vez que hubo bebido de ella, pudo reconocer a los hombres que estaban junto a el, libertad, destino, tiempo, y , en los ojos del hombre que tenia frente a el, pudo distinguir lo mismo que en los de aquel cuervo. Supo que era la muerte.
Bebieron las cervezas sin pronunciar una palabra, y cuando el último hubo terminado, el destino, se levanto, tiro unos dados y dijo:
-¿ Lo ves? yo en realidad no existo, solamente soy un farsante, soy un usurpador del azar.
Después de otro rato de silencio, el tiempo se levanto diciendo:
-No me malinterpretes, no soy como el rió que avanza inexorable, simplemente soy un vaso que has de rellenar, lo que soy es simplemente la vida.
Cuando el tiempo bajo las escaleras, la libertad se levanto de un salto.
- Llevo toda la vida a tu lado, soy tuyo, solamente tienes que estirar la mano, y cogerme- Y se fue.
Ahora estaban allí solamente la muerte y el.
-Solamente quiero decirte, que no soy tan malo como dicen. Vamos, si no fuera por mi no apreciarías la vida, asique, ¡¡haberla disfrutado!!- grito mientras se levantaba y le espetaba una jarra en la cabeza.
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